Definición de Contrato

Según el Diccionario Jurídico Elemental de Guillermo Cabanellas se define el término “contrato” como sinónimo de “convención.”

A criterio del autor el término “convención” proviene del latín conventio, derivada de convenire, convenium, es el acuerdo de dos o más perso­nas sobre una misma cosa. La convención in­tegra el género; y el contrato, la especie. La convención es un acuerdo de voluntades, cu­yo efecto puede constituir, o no, una obliga­ción; el contrato es una especie de conven­ción hecha con el fin de obligarse.

Para Cabanellas es importante considerar en el criterio vertido por Aubry y Rau, respecto a que contrato es el acuerdo de dos o más personas sobre un ob­jeto de interés jurídico; y el contrato constitu­ye una especie particular de convención, cuyo carácter propio consiste en ser productor de obligaciones. El Cód. Civ. arg. (art. 1.137) di­ce que “hay contrato cuando varias personas se ponen de acuerdo sobre una declaración de voluntad común, destinada a reglar sus derechos”. Es muy semejante a la definición dada por Savigny, para quien el contrato “es el concierto de dos o más voluntades sobre una declaración de voluntad común, destina­da a reglar sus relaciones jurídicas”. El Cód. Civ. esp. (art. 1.254) expresa que “el contrato existe desde que una o varias personas con­sientan en obligarse respecto de otra, u otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio”.

Hay diversas maneras de clasificar los contratos, según se enuncie uno y otro de sus caracteres. El Cód. Civ. francés señala en sus arts. 1.102 a 1.107 algunas de estas clasifica­ciones, lo que también hace el Cód. arg. (arts. 1.138 a 1.143).

Los contratos son, de conformidad con este último Cód.:

a) Unilaterales^ bilaterales. Los primeros son aquellos en que una sola de las partes se obliga hacia la otra, sin que ésta le quede obligada; los segundos, cuando las partes se obligan recíprocamente la una hacia la otra;

b) A título oneroso y a título gratuito. Son a título oneroso, cuando las ventajas que procuran a una u otra de las partes no le es concedida sino por una prestación que ella le ha hecho o que se obliga a hacerle a la otra; son a título gratuito, cuando aseguran a una u otra de las partes alguna ventaja, indepen­diente de toda prestación de su parte;

c) Consensuales o reales. Los primeros quedan con­cluidos para producir sus efectos propios des­de que las partes hubiesen recíprocamente manifestado su consentimiento; los segundos para producir sus efectos propios, quedan concluidos desde que una de las partes haya hecho a la otra tradición de la cosa sobre lo que versare el contrato; forman la clase de los contratos reales el mutuo, el comodato, el contrato de depósito y la constitución de prenda y anticresis;

d) Nominados e innomi­nados, según que la ley los designe, o no, bajo una denominación especial.

Los contratos bilaterales, o sea aquellos en que los dos contratantes se obligan recí­procamente uno hacia el otro, se denominan también sinalagmáticos.

Además, los contratos, conforme con la clasificación que de ellos hace el Cód. Civ. francés, pueden ser conmutativos y aleato­rios. Es ésta, en realidad, una subdivisión que se hace de los contratos a título oneroso. Es conmutativo el contrato, cuando las presta­ciones que se deben las partes pueden ser apreciadas por cada una de ellas inmediata­mente; y aleatorios, cuando la prestación de­bida por una de las partes depende de un acontecimiento incierto que hace imposible esta avaluación hasta su realización.

Pueden también dividirse los contratos en principales)/ accesorios. Los primeros son aquellos que subsisten por sí solos, mientras que los accesorios solamente pueden existir unidos al principal del que dependen. Así, el de fianza puede considerarse como un con­trato accesorio.

También pueden distinguirse los contra­tos de utilidad pública de aquellos de utilidad privada; lícitos o ilícitos, por razón de ser ce­lebrados de acuerdo o en contra de la ley, la moral o las buenas costumbres; solemnes o no solemnes, según que la forma sea estable­cida por la ley, declarándolos nulos si no se ajustan a la establecida por ésta, como ocurre con ciertas donaciones; verbal o escrito; de buena o de mala fe; civil o mercantil; verdade­ro o simulado; colectivos o individuales, etc. etc.

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